Thursday, June 13, 2013

Josefina Vicens: PREMIO XAVIER VILLAURRUTIA 1957.

Josefina Vicens: "El libro vacío" NOVELA



Empecemos por algunas frases, de esas que nos sacuden como lectores amantes del arte de la escritura:

•"Después de escrita una cosa, o hasta cuando la estoy escribiendo, se empieza a transformar y me va dejando desnudo".

•"Si el libro no tiene eso, inefable, milagroso, que hace que una palabra común, oída mil veces, sorprenda y golpee; si cada página puede pasarse sin que la mano tiemble un poco ... ¿qué es un libro?"

•"¿Por qué este dolor desajustado? ¿Por qué un libro no puede tener la misma alta medida que la necesidad de escribirlo?"

•"Yo pretento escribir algo que interese a todos. ¿Cómo diría? No usar la voz íntima, sino el gran rumor"

•"Secarse por uno mismo es carecer del elemento que humedece y conserva la frescura. Y secarse por uno mismo es hacer desaparecer voluntariamente ese elemento, extraerlo de uno para provocar la resequedad".

•"¿Cómo harán los que escriben? ¿Cómo lograrán que sus palabras los obedezcan? Las mías van por donde quieren, por donde pueden".

•"Mi mano no termina en los dedos: la vida, la circulación, la sangre se prolongan hasta el punto de mi pluma. En la frente siento un golpe caliente y acompasado. Por todo el cuerpo, desde que me preparo a escribir, se me esparce una alegría urgente. Me pertenezco todo, me uso todo; no hay un átomo de mi que no esté conmigo, sabiendo, sintiendo la inminencia de la primera palabra".

•"Y lo único que honestamente puedo expresar es que lo que quisiera escribir, o ya está escrito en los libros que me conmueven o será escrito por otros hombres en unos cuadernos que no se parecerán en nada a los míos".

•"Mis cuadernos. Tan tristemente llenos, éste de impotencia y el otro de blanca e inútil espera. De la espera más dificil, de la más dolorosa: la de uno mismo. Si algo escribiera en él, sería la confesión de que yo también me estoy esperando desde hace mucho tiempo, y no he llegado".

•"Un hombre no puede quedarse siempre en el primer peldaño"

•"Lánzate a tu vida desnudo, inexperto, inocente. Y sal de ella maltrecho o victorioso. Eso, al fin y al cabo, es igual. Lo importante es la pasión que hayas puesto en vivirla".

•"Así, deseando que pase el tiempo para que pasen también los problemas diarios que nos agobian, nos encontramos un día con que ha pasado nuestro tiempo y que al margen han quedado, intactos, sin edad, nuestra bohardilla en París, nuestro libro famoso, nuestro barco en plena tempestad, nuestra proeza en el campo de batalla... nuestro nombre".

•"Si encontrara una primera frase, fuerte, precisa, impresionante, tal vez la segunda sería más fácil y la tercera vendría por sí misma".

•"El verdadero problema está en el arranque, en el punto de partida... tengo que encontrar esa primera frase. Tengo que encontrarla".

Sigamos...

La vida de Josefina Vicens es en muchas de sus facetas un misterio. De inicio, no queda claro si nació en 1911 ó 1915. En lo que concuerdan los que se han acercado a su biografía, es en que fue un 23 de noviembre el día en que nació la escritora, en Villahermosa, Tabasco.


Según la investigadora literaria Rosa Domenella (UAM), quien ha dedicado mucho de su tiempo a la obra y la vida de Vicens, "Josefina resultó la única rebelde en una familia de cinco mujeres y siempre fue la preocupación de sus padres, desde sus campeonatos de balero, su pasión por la fiesta brava y su trabajo ejidal. ‘Ay, mi hijita, tú acabarás en la cárcel’, repetían sus padres, según cuenta [la misma Vicens] en una entrevista realizada por Gabriela Cano y Verena Radkau para su volumen de historias de vida femeninas, titulado Ganando espacios".

Josefina Vicens y su familia viajaron a la ciudad de México en 1919. Sobre la vida académica de la escritora, se cuenta que estudió filosofía y letras, así como historia, en la UNAM; aunque otros aseguran que nunca hizo estudios universitarios formales, sino que después de la primaria, cursó una corta carrera de comercio de dos años, aunque ella terminó en sólo uno. No obstante, lo que destacan quienes la conocieron, es el carácter autodidacta de sus estudios y la voracidad de sus lecturas.

Josefina Vicens empezó a trabajar demasiado joven: su primer trabajo lo consiguió a los 14 años en una empresa de transporte e, inmediatamente después, ingresó al ejercicio gubernamental como secretaria particular del Jefe del Departamento de DF. Debido a su diligencia, no tardó en colocarse en diferentes puestos políticos, llegando a ser Secretaria de Acción Femenil en la Confederación Nacional Campesina durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.

Con el tiempo, la narradora llegó a formar parte de la sección ejecutiva del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y, en los años setenta, fue presidenta de la Comisión de Premiación de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas.

Cuenta Alejandro Toledo, escritor mexicano y también estudioso de la obra de Vicens: "Desde su primer contacto con la industria fílmica mexicana, Josefina Vicens, a quienes ya entonces sus amigos se dirigen con el entrañable apodo de ‘La Peque’ [por su pequeña figura], se va familiarizando con las técnicas y el lenguaje cinematográfico, En 1948, a los 37 años de edad, escribe un primer guión que no llegó a filmarse: Aviso de ocasión".

Con el tiempo fue aumentando su labor como guionista: el número total de sus guiones o argumentos para cine, teatro o televisión llega a la centena y quizá el más conocido sea el de Las señoritas Vivanco (1959). Sin embargo, Vicens confesó alguna vez no estar muy orgullosa de estos trabajos; si acaso, se sentía satisfecha por su labor en Renuncia por motivos de salud (1975), por el cual se le otorgó el Premio Ariel de la industria fílmica mexicana, y Los perros de Dios (1979), guión de largometraje que, además de darle otro Ariel, fue merecedor del primer lugar en el concurso de guiones de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem). Vicens llegó también a ser Presidenta de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de México.

Otra de sus facetas importantes es la de periodista. En este rubro, editó su propia revista, Torerías, y escribió crónicas taurinas bajo el seudónimo de Pepe Faroles. Curiosamente, en sus artículos políticos firmaba como Diógenes García, acerca de lo cual dice Aline Petterson, quien fuera su alumna y muy cercana amiga: "Quizá la actividad vedada por entonces a la mujer mexicana le obligó a firmar con seudónimos varoniles".

Tal como Juan Rulfo, Vicens sólo publicó dos libros: El libro vacío (1958) y Los años falsos (1983); libros, sobre todo el primero, de gran trascendencia en las letras mexicanas.

Por El libro vacío se le dio el Premio Xavier Villaurrutia el mismo año de su publicación, siendo la primera mujer en ganar este reconocimiento, a tres años de haberse creado el galardón –los primeros en obtenerlo fueron Juan Rulfo, en 1956, por Pedro Páramo y Octavio Paz, en 1957, por El arco y la lira–. Los años falsos, por su parte, se hizo merecedor del Premio Juchimán de Plata de la Universidad de Tabasco, en 1982.

Josefina Vicens murió el 22 de noviembre de 1988, un día antes de cumplir 77 años. En la actualidad, en honor a la escritora, el Gobierno del Estado de Tabasco ha creado el Premio Regional de Novela Breve Josefina Vicens. Recientemente, se presentó el libro de ensayos Un vacío siempre lleno, sobre la obra de Vicens –editado por Maricruz Castro Ricalde y Aline Petterson–. En esta publicación se añadió, aparte de algunos poemas inéditos, un cuento que nunca apareció en libro, titulado "Pepita", escrito a partir de una pintura de Juan Soriano. En 2006, el FCE publicó las dos novelas de Josefina Vicens en un solo tomo, en donde se conservó para la cubierta, el grabado que realizó José Luis Cuevas –quien fuera amigo de Vicens– para la primera edición de Los años falsos.

El libro vacío

Es El libro vacío una novela aún no suficientemente valorada pero que sigue destacándose por su manufactura y sobreviviendo al paso de los años. Este texto es considerado por muchos como una novela meta-literaria y clasificada por otros como una muestra de la nouveau roman o antinovela, que surge como movimiento literario en Francia en la década de los 50.

Se trata de un texto en donde el protagonista, José García –algunos mencionan la combinación de los seudónimos periodísticos de Vicens para la elección del nombre: Pepe Faroles y Diógenes García–, sufre desesperadamente por su imposibilidad de crear una novela. Y esta imposibilidad de la escritura, ésta su agonía diaria, se nos relata en forma de un diario siempre a punto de ser negado u olvidado, pero que el protagonista sigue escribiendo, porque confiesa en su delirio: "No puedo dejar de escribir".

José García está casado, tiene dos hijos, según sus propias palabras es un contador mediocre y su vida le parece un fracaso. En su profunda soledad, se hace de dos cuadernos; al primero le dedica lo que podemos leer en El libro vacío y en el segundo desarrollará, cuando le quede claro lo que quiere decir, el verdadero relato que trascienda su gris cotidianidad, lo que nunca ocurre. Entonces, lo que leemos es el tormento que le produce al protagonista esa imposibilidad creativa.

Su necesidad de escribir proviene, según narra el mismo José García, de su intención de encontrar el arte y expresar mediante la creación literaria "algo", ya que está convencido, de que "el hombre no posee más que aquello que inventa". También escribe: "Sólo cuando abro mi cuaderno y tomo la pluma, vuelve a aparecer esa angustiosa atracción que se experimenta al borde de un profundo abismo". Eso podría resumir la novela: se trata de un testimonio profundo desde el abismo, no sólo artístico, sino también humano.

Por lo anterior, es posible interpretar que ese vacío no sólo corresponde a la imposibilidad de la escritura en ese cuaderno de hojas totalmente blancas, sino también a la conciencia del protagonista, que avizora su novela como salvación y trascendencia y que, sin embargo, siempre hurga solamente en su soledad.

De esta manera, José García, a sus 56 años, entre narraciones de algunos sucesos de trabajo y de una infidelidad suya, junto a sus reflexiones sobre el arte y el artista, y su gran necesidad de comunicarse, desemboca siempre en la desesperación y la amargura de lo "no-escrito". Pese a todo, hay momentos de reconocimiento: "Pero yo sé, yo únicamente, que ese vacío está lleno de mí"; de ahí que al final de la novela, en un estilo más sobrio y menos desesperanzador –sin que esto indique linealidad en el relato–, el "fallido" novelista vaya comprendiendo, a través de sus propias palabras, conceptos tales como el paso del tiempo o la experiencia: "Nada es fijo ni permanece inmóvil en el trémulo corazón del hombre".

La recepción de El libro vacío.

La novela de Josefina Vicens fue bien recibida desde su publicación. Entre los elogios, merece destacarse una carta de Octavio Paz, que el poeta envío a la escritora desde Europa y que se incluirá, a manera de prólogo, en algunas ediciones. Vale la pena reproducir aquí parte de esa carta:

"Recibí tu libro. Muchas gracias por el envío. Lo acabo de leer. Es magnífico: una verdadera novela. Es admirable que con un tema como el de la "nada" […] hayas podido escribir un libro tan vivo y tierno. [Tus temas] nos muestran la conciencia del hombre y sus límites, sus últimas imposibilidades. […] Y aquí deseo anotar una reflexión al vuelo: literatura de gente insignificante —un empleado, un ser cualquiera […], situación de los hombres modernos ante una sociedad que da vueltas en torno a sí misma y que ha perdido la noción de sentido y fin de sus actos: ¿no son estos los rasgos más significativos del pensamiento y el arte de nuestro tiempo? ¿No es esto lo que se llama el ‘espíritu de la época’?".

Rescatar el sentido de la historia (personal o social, vida íntima o colectiva), enfrentar la creación a la muerte, la ruina, el parloteo y la violencia: ¿no es una de las misiones del artista? Eso es lo que tú has realizado en El libro vacío […], ¿qué es lo que nos dice tu héroe, ese hombre que "nada tiene que decir"? Nos dice: "nada", y esa nada —que es la de todos nosotros— se convierte, por el mero hecho de asumirla, en todo: en una afirmación de la solidaridad y fraternidad de los hombres […]

"Y ahora quiero confiarte algo personal: la imposibilidad de escribir y la necesidad de escribir, el saber que nada se dice aunque se diga todo y la conciencia de que sólo diciendo nada podemos vencer a la nada y afirmar el sentido de la vida […] Ahora que reina en tanto espíritu la discordia y la ira divisoria, es maravilloso descubrir que coincidimos con alguien y que realmente hay afinidades entre los hombres. Creo que los que saben que nada tienen lo tienen todo: la soledad compartida, la fraternidad en el desamparo, la lucha y la búsqueda.

"Gracias de nuevo por El libro vacío, lleno de tantas cosas, tan directo y tan vivo [Septiembre de 1958]".

Josefina Vicens, quien definía la literatura como "ese angustioso placer con el que nunca se queda uno conforme", ha sido constantemente, en sus novelas, materia de análisis de diversos escritores o estudiosos de la literatura.

La maestra Elsa Cano dice que se trata de un texto totalmente introspectivo, que "se basa en un recurso: énfasis en no escribir para hacer exactamente lo contrario […] Lo importante es el tiempo interior, el espacio va a dejar de ser interesante [que es uno de los preceptos de la nouveau roman]".

Por su parte, la escritora Eve Gil comenta: "Josefina Vicens […] plantea en su novela un conflicto central: ¿qué es un escritor? Más específicamente: ¿en qué momento puede el escribiente asumirse ‘escritor’? […] Si nos atenemos a la historia que sirve de fondo a la verdadera protagonista que no es José García sino la escritura […] Lo que hace de El libro vacío una ‘singular aventura’ es el forcejeo entre la vida vulgar y su impulso creador […] Una perfecta definición de ser escritor la da José cuando dice: ‘Es como ser dos. Dos que dan vueltas constantemente, persiguiéndose’."

Y en general, sobre la obra de Vicens, la escritora Alessandra Luiselli recuerda lo siguiente: "Es una autora precursora en dos sentidos: es una de las primeras voces dentro de la narrativa mexicana en apartarse de la literatura regionalista […] es también una de las primeras mujeres escritoras en apropiarse de una voz masculina para narrar, siempre en primera persona, sus historias. […] Josefina Vicens, quien bajo el personaje José García (El libro vacío) y de Poncho Fernández, (Los años falsos) inaugura los espacios de la bitextualidad narrativa, una zona donde combaten lo femenino y lo masculino en forma tanto argumental como autoral. [Luiselli concluye que], dadas las características verdaderamente precursoras de la narrativa de Josefina Vicens, su novelística merece ser reconsiderada y ubicada en un lugar privilegiado dentro de los estudios de la literatura mexicana contemporánea.

Tras la muerte de la escritora, Octavio Paz expresó: "El libro vacío es un texto heterodoxo dentro de nuestra tradición, una introspección en el alma, en la conciencia del escritor''.

En la actualidad, Josefina Vicens es considerada por algunos lectores como una escritora de culto, pues su obra, además de marginal, es única en el desarrollo de la novela mexicana –pionera en su momento– y muy actual en sus temas. El libro vacío ha sido traducido al inglés y al francés.

Por último, la ya mencionada Aline Petterson, expresa: "Josefina Vicens inauguró en nuestro país, con su primer libro, una nueva manera de narrar […]El libro vacío está siempre a punto de ser llenado de nuevo por el lector que lo abra".

Margarita Díaz de León I.



Wednesday, June 12, 2013

Francisco de Rojas Zorrilla

Francisco de Rojas Zorrilla
(Toledo, 1607 - Madrid, 1648) Dramaturgo español. Considerado como un seguidor de Calderón, fue el gran innovador de la comedia de figurón. Se desconoce el número exacto de sus comedias y autos; en vida sólo publicó doce comedias en 1640 y otras tantas en 1645. En 1633 había estrenado en El Pardo la tragedia Persiles y Sigismunda. Escribió obras en colaboración con autores como Vélez de Guevara, Luis Belmonte, Calderón y otros. Su obra presenta singularidades temáticas poco frecuentes en su tiempo, como el papel que desempeña la mujer como vindicadora de su propio honor (Cada cual lo que le toca). Escribió comedias mitológicas (Progne y Filomena, Los encantos de Medea), de santos (La vida en el ataúd, Los trabajos de Tobías), históricas (Santa Isabel de Portugal) y de costumbres (Obligados y defendidos, Donde hay agravios no hay celos) y dramas de honor (Del rey abajo, ninguno). Sus comedias de figurón (Entre bobos anda el juego), caracterizadas por una trama compleja y por la profundidad psicológica con que trata a sus protagonistas o figurones, alcanzaron una enorme difusión.

Tuesday, June 11, 2013

ANDRE BRETON.

ANDRE BRETON.
(Francia, 1896-1966)
Poeta y crítico francés, líder del movimiento surrealista. Nació en Tinchebray, Orne. Estudió medicina y trabajó en hospitales psiquiátricos durante la I Guerra Mundial. Una vez afincado como escritor en París, se convirtió en pionero de los movimientos antirracionalistas en el arte y la literatura conocidos como dadaísmo y surrealismo, surgidos del desencanto generalizado con la tradición que definió la época posterior a la I Guerra Mundial. El estudio de las obras de Sigmund Freud y sus experimentos con la escritura automática (escritura libre de todo control de la razón y de preocupaciones estéticas o morales) influyeron en su formulación de la teoría surrealista. Breton expresa sus opiniones en Littérature, la principal publicación surrealista, revista en cuya fundación colaboró y de la que fue editor durante muchos años, y en los Tres Manifiestos Surrealistas de 1924, 1930, 1942. Su obra más creativa es la novela Nadja (1928), en parte autobiográfica. Su poesía, recopilada en Poemas (1948), refleja la influencia de los poetas Paul Valéry y Arthur Rimbaud

En 1924 Breton firmaba el primer manifiesto del surrealismo, donde se precisaba el intento de los surrealistas para salir de los rígidos esquemas de la razón y de la observación realista de los hechos para buscar significados ulteriores y vínculos más auténticos con las profundidades del yo.
Apoyándose en los descubrimientos freudianos, se tendió a examinar el mundo de los sueños y dei inconsciente, con interés por estados como el automatismo psíquico, la locura, la hipnosis, para registrar sus datos e intentar la unificación de los contrarios en el proyecto de una reconstrucción integral de la personalidad.


Saturday, June 8, 2013

Michel-Marie-François- Butor (Mons-en-Barœul , 14 de septiembre de 1926)



Michel-Marie-François- Butor (Mons-en-Barœul , 14 de septiembre de 1926)

La modificación
La modificación es una novela del escritor francés Michel Butor, escrita en 1957.

Esta novela, la más conocida de las que escribió Butor, se encuadra dentro del marco de lo que se denominó Nouveau Roman, y es muy original en cuanto al estilo, puesto que el narrador habla en segunda persona del singular ("vous..."), lo que en castellano sería equivalente al tratamiento de usted. Este recurso implica al lector en la vida del protagonista, al sentirse constantemente interpelado. El bamboleo de ciudades, mujeres, espacios y tiempos hacen que la novela se haga tan pesada como un auténtico viaje en tren.

Argumento


Léon toma el tren de París a Roma: en esa ciudad piensa reunirse con Cécile, su amante, para la que ha conseguido un trabajo en París. Piensa dejar a su familia y trasladarse a vivir con su amante. Pero a lo largo del viaje el personaje va pasando revista al hoy (con sus fantasías sobre sus acompañantes en el compartimento del tren) al ayer (sus viajes anteriores, sus visitas anteriores, sus vivencias con su amante, con su mujer...) e incluso al mañana (anticipa lo que cree que va a hacer en Roma). La modificación se opera, pues, a lo largo del trayecto: Léon acaba por darse cuenta de que el binomio Cécile-Roma es inseparable y que es inútil llevara a su amante a París, porque la rutina destruiría la pareja, como ya ha destruido de hecho el matrimonio de Léon.


A lo largo de la novela, y con una premiosidad que trata de trasponer la propia lentitud del paso del tiempo en un viaje en tren, vamos viendo como sus primeros pensamientos se van modificando y dando paso a dudas y a nuevas decisiones.

Fuente: wikipedia.

Friday, June 7, 2013

Ortega y Gasset, José (1883-1955)


BIOGRAFIA: (14982)
Ortega y Gasset, José (1883-1955)

Dr. en Filosofía y letras, filósofo y ensayista español. Estudió en los jesuitas de Cádiz, y luego en la Universidad de Madrid, donde se doctoró en Filosofía y Letras en 1904. Marchó a Alemania para ampliar sus estudios en las universidades de Leipzig, Berlín y Marburg. De vuelta en España en 1910, obtiene la cátedra de Metafísica en la universidad de Madrid, desde la que impulsó el regeneracionismo cultural español. Toda su filosofía está influida por Kant, filosofía que estudió a fondo en su estancia en Alemania. Además de numerosas obras como La deshumanización del arte (1925), España invertebrada (1921) o La rebelión de las masas (1930), publicó numerosos artículos primero en el periódico El Imparcial, fundado por su abuelo, y posteriormente en el diario que él mismo fundó: El Sol, o revistas como España (1915) o La Revista de occidente (1923). Mostró su repulsa a la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), creando la Agrupación al Servicio de la República, partido político por cuyas listas fue elegido diputado en 1931, abandonando su cargo por su desacuerdo con la Constitución de 1931. Al estallar la Guerra Civil, dejó España y vivió en países como Francia, Argentina y Portugal. En 1945, vuelve a España y publica obras como: Papeles sobre Velázquez y Goya (1950) y póstumamente, Meditaciones sobre Europa (1957)..

RESEÑA:
Ortega advierte en el prólogo para franceses " Ni este volumen ni yo somos políticos. El asunto de que aquí se habla es previo a la política y pertenece a su subsuelo. Mi trabajo es oscura labor subterránea de minero. La misión del llamado intelectual es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, confundirlas más de lo que estaban. Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral ".

Conviene aclarar, fuera de toda politización que pueda pensarse, que cuando Ortega arremete contra el hombre masa no se está refiriendo al obrero, ni se refiere a un determinado estrato social ni a personas que realizan trabajos que son minusvalorados hipócritamente por nuestra sociedad. El hombre masa es un tipo de hombre que se encuentra en todos los grupos sociales y en todas las categorías profesionales. Porque al hablar de hombre masa se hace referencia a una dimensión moral, más profunda e importante de la vida, se habla aquí de un estado del alma, de un alma muy dormida en el caso del hombre masa
La masa-¿quién lo diría al ver su aspecto compacto y multitudinario?- no desea la convivencia con lo que no es ella. Odia a muerte lo que no es ella ". " Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera ". " La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado ". ¿Quién lo diría, en nuestras modernas sociedades, que se jactan de ser cuna de libertades y derechos individuales? ¿Y qué cabe decir del desprecio de la ciencia, o del cientifismo sería más correcto decir, hacia otras disciplinas como las artes, la política o la religión? Al minusvalorar estas ramas del conocimiento humano, nuestra cultura se pone en peligro a sí misma, al ignorar las reglas y peculiaridades de muy importantes parcelas del ser humano, más importantes que la misma ciencia, pues ¿ De qué sirve vivir cien años si no se sabe el por qué y para qué se vive? ¿Es eso un avance realmente?¿No sería más avance vivir en una sociedad en la que el robo moral fuese mal visto y no precisamente premiado? ¿No se vivirá más felizmente entonces?

La rebelión de las masas caracteriza en sus hojas al hombre del siglo XX. En sus páginas se advierte a un Ortega alarmado y sorprendido por lo que ve. Como un hombre que se hubiera ido en un largo viaje por lejanas tierras y al volver lo encontrara todo patas arriba, todo desordenado e invertido. ¿Qué escribiría hoy?¿Cuál sería hoy su reacción?





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Thursday, June 6, 2013

POLISEMIA. ANDRÉS AMORÓS.

Hasta a los programas españoles del bachillerato ha llegado la expresión, ya consagrada: «polisemia de la obra literaria». Dejando aparte la posible pedantería del término, no cabe duda de que alude a algo que es esencial en la creación literaria: su ambigüedad (Empson) o plurivalencia; el estar abierta, por definición, a una pluralidad de lecturas.

Tomemos dos ejemplos clásicos y tópicos: El Quijote y Hamlet. Naturalmente, lo que hay de logro estético mayor o menor en estas obras lo pusieron sus autores, los hombres llamados Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Durante cierto tiempo, fue fórmula común hablar de «Cervantes, ingenio lego»; es decir, de un creador inconsciente que, en un momento dado, era favorecido por una especie de iluminación divina y, sin darse bien cuenta de lo que hacía, escribía una novela sobre un hidalgo manchego. A partir, sobre todo, de Américo Castro (El pensamiento de Cervantes) esta concepción ha caído en un total descrédito. El Quijote no es fruto del azar ni lo escribe cualquier pelagatos. Cervantes era mucho más consciente de lo que una concepción romántica del genio podía suponer. Sin embargo, es evidente que pudo no ser consciente del todo de algunos aspectos de su propia obra.


Rozamos, así, un tema general: el papel que juega en la obra literaria la intención del escritor. Este es uno de los elementos de juicio de que dispone el crítico, para ayudarle a entender la obra, pero no el único, ni, muchas veces, el decisivo. Por supuesto, los críticos corremos detrás de las autocríticas de los autores, de las declaraciones o cartas privadas en que cuentan su estado de ánimo al escribir un libro. Pero también tenemos la experiencia de que, en este terreno, todas las precauciones son pocas. Unas veces, el escritor, simplemente, intenta engañarnos, ocultando su verdadera intención, su motivación autobiográfica, o intentando dar un valor universal a lo que nació a partir de un estímulo mucho más limitado. Cualquiera de nosotros podría citar fácilmente ejemplos. Otras veces, el escritor, con la mejor voluntad del mundo, se equivoca, interpreta parcial o erróneamente su propia creación. Lo mismo le puede suceder al crítico, por supuesto, pero éste tiene la ventaja y el inconveniente, a la vez, de una mayor distancia con relación a la obra. Y, en cualquier caso, todos conocemos ya, a partir de Freud, el enorme papel que desempeña el inconsciente en toda creación artística. Así, pues, las declaraciones de los autores sobre sus obras convendrá tomarlas como un elemento de información sobre ellas, uno más, y no darles valor absoluto.
Volvamos a los ejemplos anteriores: si cada hombre y cada generación ven en El Quijote y en Hamlet algo parcialmente distinto, ¿cuál es la auténtica realidad de estas obras, que han dado lugar a torrentes de bibliografía, en gran medida contradictoria? ¿Será solamente lo que quería decir su autor? No, desde luego, sino la suma de todo lo que los lectores (pasados, presentes y futuros) encuentran en ellas. Lo esencial es que los nuevos elementos que se descubran estén efectivamente en el libro, con independencia de lo que pensaron su autor o sus lectores anteriores, y no sea invención, sin fundamento real, de un lector imaginativo.

A través de los teóricos anglosajones y de los novelistas hispanoamericanos se ha difundido últimamente mucho, en nuestro país, la idea de que conviene distinguir, en la obra literaria valiosa, varios niveles de significación. Por supuesto. Por eso pueden disfrutar con la misma obra personas de condiciones, edades y épocas muy variadas.

Bien conocido es el ejemplo del Quijote, en el que sus contemporáneos vieron sólo un libro cómico, la sátira de las novelas de caballería. Después, el Romanticismo alemán, sobre todo, abrió el camino a las interpretaciones modernas que lo ven como libro serio, para pensar más que para reír. A partir de ahí, las interpretaciones se suceden: Herder lo considera como la novela de la salud moral; Turgueniev lo contrapone, como emblema de la fe, al Hamlet, héroe de la duda y el escepticismo; Unamuno se declara, paradójicamente, quijotista y no cervantista; para Ortega, encierra el problema de la cultura española... Más recientemente, construyen a partir de él su teoría de la novela contemporánea Lukács y Girard; Marthe Robert y Arias de la Canal le aplican la lente psicoanalítica; Ramiro Ledesma nos da la interpretación fascista; Ricardo Aguilera, la marxista; Gonzalo Torrente lo ve como juego, etc. En todo caso, según las edades —física y mental—, a unos dará risa, a otros motivo de meditación y a algunos, consuelo irónico.

Muy claro es también, a estos efectos, el caso del Lazarillo. Todos tenemos la experiencia infantil, probablemente, de habernos reído, en la escuela, con las burlas recíprocas que traman Lázaro y el ciego. En este nivel se quedarán siempre algunos lectores, que contribuyen a hacer de esta obra algo permanentemente popular. Cuando hablamos de ella a los alumnos universitarios, es posible que la primera impresión sea de frialdad y aburrimiento, a causa de la distancia histórica y el lenguaje anticuado. Sin embargo, si avanzamos un poco más, con la ayuda de la crítica reciente, los alumnos descubrirán, asombrados, todo un mundo de alusiones y problemas verdaderamente difíciles de resolver, pero apasionantes. Así, el Lazarillo resulta ser una obra complejísima y de permanente actualidad, tanto desde el punto de vista de la evolución formal del género «novela», como si vemos en ella un documento estremecedor sobre la religión y el honor en la España del Siglo de Oro.

Algo semejante sucede también con la comedia clásica española del Siglo de Oro. ¿Cómo podía ser popular un género compuesto por obras de tal refinamiento estético, y hasta complejidad conceptual y alegórica, en el caso de los autos sacramentales? Y, sin embargo, lo era. Evidentemente, había muchas clases de espectadores, y cada una era particularmente sensible a uno de los atractivos del espectáculo, desde la belleza de las comediantas al lirismo de los versos, la espectacularidad de los decorados o la rapidez sin desmayo de la acción dramática.

Así, pues, la obra literaria pide, por definición, una pluralidad de lecturas, que correspondan a sus diversos niveles de significación. Además, eso se produce de acuerdo con los individuos; incluso, en el caso de una misma persona, según las épocas de su vida y los momentos. Todos tenemos la experiencia de releer un libro, diez o veinte años después, y hallar en él cosas nuevas; por supuesto, el libro no ha cambiado, somos nosotros los que leemos con todo el poso que han ido dejando todas nuestras experiencias vitales. Y, como decía Ortega para la música, siempre habrá momentos propicios para que lea a Proust y otros en que me sería imposible, pues lo que «me pide el cuerpo» es una novela de la serie negra. En nuestra lectura influye también de modo decisivo esa predisposición o estado de ánimo, ese talante al que alude el título de la canción sentimental: «I'm in the mood for love».

Además, la pluralidad de lecturas obedece de modo muy claro, como ya hemos visto, al cambio de épocas y de generaciones. Todos redescubrimos «nuestro» Quijote. Comparándolo con el teatro existencialista y del absurdo, Ian Kott ha proclamado, en un libro famoso, que Shakespeare es hoy, una vez más, «nuestro contemporáneo».

En esa capacidad de suscitar nuevas adhesiones vitales, y no sólo eruditas, consiste el clasicismo, según Azorín: «¿Qué es un autor clásico? Un autor clásico es un reflejo de nuestra sensibilidad moderna. La paradoja tiene una explicación: un autor clásico no será nada, es decir, no será clásico, si no refleja nuestra sensibilidad. Nos vemos en los clásicos a nosotros mismos. Por eso los clásicos evolucionan: evolucionan según cambia y evoluciona la sensibilidad de las generaciones. Un autor clásico es un autor que siempre se está formando. No han escrito las obras clásicas sus autores; las va escribiendo la posteridad».

Y cada uno de nosotros puede comprobar fácilmente que pocas experiencias son tan atractivas —y peligrosas, a la vez— como la de releer un libro que nos entusiasmó en la juventud. (Dicho con toda sencillez: o la de ver a una chica que nos gustaba.) Por eso se ha afirmado que cada crítica —cada lectura— es como un test, en el que, con más o menos veladuras, se proyecta y manifiesta nuestra personalidad.

Wednesday, June 5, 2013

Borges: Ficciones.

Ficciones
Hijo de una familia acomodada, Jorge Luis Borges nació en Buenos
Aires el 24 de agosto de 1899 y murió en Ginebra, una de sus
ciudades amadas, en 1986. Vivió, desde pequeño, rodeado de libros;
y, entre 1914 y 1921, y más tarde en 1923, viajó a Europa, lo que le
puso en contacto con las vanguardias del momento, a cuya estética
se adhirió, especialmente al ultraísmo. En la primera mitad de esa
década dirigió las revistas Prisma y Proa. Poeta, narrador y autor de
ensayos personalísimos, ganó el premio Cervantes en 1980 y fue un
eterno candidato al Nobel, ingresando en la ilustre nómina de quienes, como
Proust, Kafka o Joyce, no lo consiguieron. Pero, como ellos, Borges pertenece por
derecho propio al patrimonio cultural de la humanidad, y así está reconocido
internacionalmente.
Ficciones, libro aparecido en 1944, con el que ganó el Gran Premio de Honor de
la Sociedad Argentina de Escritores, es uno de los más representativos de su
estilo. En él están algunos de sus relatos más famosos, como «Tlön, Uqbar, Orbis
Tertius»; «Pierre Menard, autor del Quijote»; «La biblioteca de Babel» o «El jardín
de senderos que se bifurcan». En su caso, hablar de relatos es sólo un modo de
entendernos, y a falta de un término más adecuado para designar esta magistral
y sugestiva mezcla de erudición, imaginación, ingenio, profundidad intelectual e
inquietud metafísica. Metáforas como la del laberinto, la biblioteca que coincide
con el universo o la de la minuciosa reescritura del Quijote, pertenecen al centro
del universo borgiano y, a través de sus millones de lectores en todas las lenguas, a la cultura universal.