Saturday, September 28, 2013

Alejandro Rossi. Premio Xavier Villaurrutia 2006. Premio: novela.


Alejandro Rossi nació en Florencia, Italia, el 22 de septiembre de 1932, y murió en la ciudad de México el 5 de junio de 2009. Autor de ensayos filosóficos y de relatos. Uno de los pocos filósofos que emprendieron obras literarias con talento narrativo, y a las obras filosóficas las dotan de una amenidad poco usual en el género. En 1999 le fue otorgado el Premio Nacional de Ciencias y Artes.
Fuente:
http://www.colegionacional.org.mx/SACSCMS/XStatic/colegionacional/template/content.aspx?mi=141&se=vida&te=detallemiembro
Aunque no ha alcanzado gran difusión en Argentina, Alejandro Rossi, un "raro" de la literatura hispanoamericana, es conocido y admirado en nuestros círculos literarios. Manual del distraído (1978), un volumen que recoge narraciones y ensayos breves publicados antes en las revistas Plural y Vuelta , es visitado con asiduidad por antólogos y lectores sutiles. Su producción comprende obras narrativas y filosóficas. Rossi tiene un doctorado en filosofía por la UNAM y la disciplina de su pensamiento se manifiesta también en su obra de ficción. Es el prototipo del escritor cosmopolita. Nacido en Florencia, de padre italiano y madre venezolana, emigró con su familia primero a Venezuela, luego vivió en Buenos Aires y Córdoba y, finalmente, se estableció en México.
Edén refleja un poco ese periplo. El encuentro en Hamburgo del protagonista (homónimo del autor: Alessandro, Alex o Alejandro Rossi), con Mitzi, la bella adolescente que había conocido más de cuatro décadas antes en el hotel Edén de La Falda, desencadena el fluir de los recuerdos. Alejandro tiene una memoria minuciosa o una imaginación que sabe llenar sus huecos sin dejar huellas. O ambas cosas. Los fragmentos de vida se van encadenando en el relato según el aparente azar de la asociación libre o, mejor, según el sabio criterio que la finge. Porque la obra está organizada de modo tal que la suma de fragmentos dispersos recrea y hace inteligible un singular mundo personal y familiar, enmarcado en el cambiante entorno geográfico y humano que la vida itinerante impone. Como trasfondo permanente, la Segunda Guerra Mundial, verdadera causa desestabilizadora de la alta burguesía a la que pertenece Alex, aparece como un molesto obstáculo, un transitorio impedimento para recorrer libremente el mundo, y empuja al exilio a muchos europeos ricos, quienes pasarán largas temporadas en lujosos hoteles de América.
La primera consecuencia de narrar esta historia como flujo de las impresiones residuales en quien la vivió es que los personajes, en general, no se muestren en acción, sino que aparezcan contados, mediatizados por la voz e interpretados por el comentario del narrador. La segunda es que se renuncia a un desarrollo regido por la intriga y, por lo tanto, la novela debe sostenerse por el interés que suscita cada episodio recordado. Pero lo memorable para quien recuerda no lo es siempre para quien recibe el relato del recuerdo. Muchas veces, inexplicablemente, se recuerdan durante toda la vida trivialidades de la infancia. La hazaña del escritor es conferir a esas trivialidades valor novelístico. Rossi acepta los desafíos y triunfa. Se vale para eso de una fina percepción para descubrir significados ocultos detrás de palabras o acciones "casuales", de un uso particular y preciso del lenguaje, de observaciones siempre acertadas, de comentarios agudos y de un sutil diseño que hace del relato un puzzle que se va armando solo ante los ojos del lector atento.
Edén. Vida imaginada es novela de la memoria y, también, novela de iniciación. Desde la infancia hasta la preadolescencia, su protagonista busca su identidad, su lugar en el mundo. Alex es un chico particular y sus conflictos también lo son. Le molesta su permanente extranjería, sufre el exilio de la lengua y lo desvela no poder hablar como un nativo, se le mezclan los modismos venezolanos y porteños, siente nostalgia del italiano. Lo confunden las contradicciones ideológicas y religiosas dentro de la familia y en los sucesivos colegios que el humor de los padres y el prestigio social y académico de las instituciones le destinaron. ¿Bolívar o San Martín? ¿No era que el Duce era un gran hombre? ¿Y Hitler? ¿Por qué el profesor Oliver se niega a decirle que cree en Dios? Y después, el sexo y el amor. Finalmente Alex encuentra su Edén en Córdoba, en un hotel de alemanes, en el amor que Adriana le confiesa en italiano.
Hay, por último, un aspecto que no puede soslayarse: el cuestionamiento teórico que representa una novela que desatiende los fundamentos de construcción y aun la misma definición genérica. Toda ella puede entenderse como un texto irónico respecto de las concepciones principistas.
Novela múltiple, admirable por la claridad con que ofrece al lector esa complejidad, Edén fue distinguida en México con el Premio Villaurrutia 2006. .
Raúl Brasca

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