Wednesday, November 27, 2013

Belgrano Rawson, Eduardo

 

Belgrano Rawson, Eduardo (ss. XX-XXI).

Narrador, guionista y periodista argentino, nacido en la provincia de San Luis en la segunda mitad del siglo XX. Educado desde su primera infancia con una sólida formación humanística -su padre era profesor de filosofía-, desarrolló muy pronto una acusada inclinación hacia la lectura y la escritura, hasta el extremo de convertirse, con tan sólo diez años de edad -y como irónicamente apunta él mismo- en "nada menos que presidente de la Biblioteca Infantil Sarmiento".

Al margen de esta visión tierna e irónica de esos primeros pasos en el mundo de las Letras, lo cierto es que el joven Eduardo Belgrano Rawson adquirió pronto un vivo interés humanístico que, erróneamente encauzado por sus maestros durante sus estudios de enseñanza secundaria en la escuela de su lugar natal, le condujo en los primeros compases de su juventud hasta la Facultad de Leyes de la Universidad de Buenos Aires, donde inició sin demasiada convicción una carrera de Derecho que interrumpió definitivamente cuando ya llevaba cursados la mitad de estos estudios superiores, para consagrarse de lleno a otras actividades más creativas. Fue así como se inició en el trasiego de las colaboraciones periodísticas, que le abrieron las puertas necesarias para empezar a escribir y publicar en las célebres revistas de la Editorial Columba (como El Tony, D'Artagnan o Intervalo) los guiones de algunas historietas que gozaron de gran aceptación entre los jóvenes lectores de la época. Firmados con pseudónimo, estos guiones de escaso interés literario no le granjearon ningún prestigio como escritor, pero sí le permitieron adentrarse en un espacio fecundo -el de los medios de comunicación- que le puso en contacto con otros escritores y le relacionó también con algunos personajes destacados en el ámbito del cine, modalidad artística que, a la sazón, había pasado a ocupar la mayor parte de su tiempo (llegó, incluso, a tomar clases para convertirse en director y guionista del Séptimo Arte).
Hacia mediados de la década de los años setenta, ya plenamente convencido de su falta de vocación para ejercer la abogacía, se dio a conocer como escritor por medio de la novela titulada No se turbe vuestro corazón (1974), una interesante opera prima que no pasó inadvertida para la crítica de la época, gratamente sorprendida por la personalidad apuntada por una voz nueva que sobresalía por su frescura y originalidad. Al año siguiente, el inquieto escritor dio rienda suelta a su talante aventurero y emprendió una serie de expediciones por la Tierra del Fuego que habrían de prolongarse hasta 1987, y así se convirtió en uno de los argentinos que mejor conocimiento tenían acerca de esta alejada región, cuya zona menos accesible (la Península de Mitre) llegó a recorrer a pie y a caballo, en el transcurso de uno de esos viajes, acompañando a una expedición de biólogos de su propio país. Fruto de las experiencias acumuladas a lo largo de estas intrépidas aventuras australes fue la novela que habría de granjearle su mayor reconocimiento literario, publicada a comienzos de los años noventa bajo el significativo título de Fuegia (Buenos Aires: Sudamericana, 1991). En las páginas de este bello relato, Eduardo Belgrano Rawson recrea la historia de una familia de fueguinos de comienzos del siglo XX, descendientes de los indios nativos y dedicados a ejercer como canoeros entre las frías costas del lugar.
Entre su primera narración extensa y esta incursión novelesca en la Tierra de Fuego, Belgrano Rawson dio a la imprenta una segunda novela que, publicada bajo el título de El náufrago de las estrellas (1979), le granjeó el prestigioso premio otorgado por el Club de los Trece y le consagró definitivamente como una de las voces más sólidas de la nueva narrativa argentina de finales del siglo XX. El resto de su obra de ficción se completa con una cuarta entrega novelesca titulada Noticias secretas de América (Buenos Aires: Planeta, 1998).
JRF.

Autor


Ironía sobre las versiones oficiales del pasado
La Historia también es un relato

NOTICIAS SECRETAS DE AMERICA
Por Eduardo Belgrano Rawson
(Planeta)-449 páginas-($ 20)
 
HASTA el más arduo tratadista debe apelar a ciertas artes -aunque mínimas- de narrador. Lo inverso, el narrador que se nutre del trabajo de los historiadores, también vale.
Ahora bien, este apasionante libro de Eduardo Belgrano Rawson no es historia novelada, ni es novela histórica en el sentido usual de la expresión. Noticias secretas de América carece de unidad temática, salvo que se considere como tal a la Historia misma en su riqueza, diversidad y multiplicidad de puntos de vista. No obstante, Belgrano Rawson se propuso una novela, sin lugar a dudas.
Con un estilo muy elaborado y por momentos deslumbrante, alguien que no se sabe bien quién es relata una serie virtualmente infinita de episodios a un interlocutor indefinible. Diríase que el autor teje una trama con hilos que animan cada uno la historia -verdadera, obstinadamente verdadera- que le toca, pero que no se conjugan para demostrar un sentido tal vez oculto, sino para sugerir un nuevo sentido. Además, como cada fragmento es tributario de su tiempo y toma contacto con fragmentos de otras épocas, el entramado provoca un efecto de anacronismo que ubica al discurso, de por sí, en las antípodas de la historia oficial. Para el autor de No se turbe vuestro corazón (1975), El náufrago de las estrellas (1979) y Fuegia (1991), la verdad no necesariamente demanda la revisión de lo dicho (esto es, la revisión de lo mismo) sino la dilucidación artística de todo aquello capaz de maravillar al único contemporáneo del texto, al lector.
Resultado de una investigación ardua, trabajosa y exhaustiva, esta novela es también una suerte de aluvión de relatos que tienen que ver con la gestación de una mentalidad (por eso arranca con la escuela y los horrores de una pedagogía dura, sin anestesia) y con los desenlaces y fracasos omitidos o piadosamente edulcorados. Si hubo una batalla, Belgrano Rawson se pregunta con humor y desparpajo cómo murieron los soldados que no pronunciaron palabras inolvidables. Si un general demente dejó el centro del escenario donde lo bañaron las luces de la Historia -cualquiera sabe cuándo sus actos están destinados a la posteridad-, Belgrano Rawson lo persigue para saber qué hizo después, de qué trabajó, en qué espantosa soledad y rodeado de memorias en fuga se despidió del mundo.
Desde el fusilamiento de Martín de çlzaga frente a los colegiales, que debieron estallar en aplausos luego de la descarga, o las iniciativas pedagógicas de Belgrano, de Rivadavia y de San Martín (el narrador, al evocar parcialmente los reglamentos disciplinarios del Ejército de los Andes, llega a la conclusión de que "para el propio Libertador, la brecha entre lo escolar y lo castrense no debe haber sido muy ancha"), desfilan la mayor parte de los grandes próceres de la historia argentina, además de una legión de personajes incidentales y pequeños. Y como un viento feroz la ironía los despeina.
En la novela de Belgrano Rawson se conjugan Baden Powell, el inventor de los boy-scouts, con José Martí, o el cacique Yanquetruz en una noche de ópera en el Colón con las heridas memorables del general Necochea (tal vez el militar mejor herido de la historia). Aparecen de perfil Carlos María de Alvear y la pluma insidiosa del manco Paz. Las peripecias asombrosas de Brown o de Bouchard y de otros profesionales de la guerra dan cuenta de la crisis de ese particular mercado laboral, que obligaba a transitar caminos insólitos. Y sirve de ejemplo la vida de Benigno Villanueva, que de jugar a la pelota en la calle de los Mandingas terminó como mariscal ruso y con el nombre cambiado, Benigno Villanokoff.
Novela de finales y abandonos, todo parece llegar necesariamente al recuerdo de San Martín en el exilio, a la memoria del Indio que recoge varios hilos de la trama y se deja transitar, a su vez, por la evocación de algunos episodios propicios para el amor. Pero el libro es mucho más. Es una novela de momentos fugaces, amena y compleja, que se inscribe en un proyecto literario tan original y ambicioso como logrado en su realización. Esta entrega de Eduardo Belgrano Rawson es una sólida respuesta a los principales interrogantes de la ficción actual, y abre un camino promisorio que vale la pena transitar.
Jorge Landaburu
http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/BRawson/brcriln.html

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