Saturday, February 11, 2012

MARCUS AURELIUS FILÓSOFO-EMPERADOR: MEDITACIONES








Si existe un libro que me ha conmovido enormemente es este: LAS MEDITACIONES DE MARCUS AURELIUS. ¿Quién me lo recomendó? Mi amigo y escritor Carlos Cortés. Doy gracias por dicha recomendación. 
Las meditaciones de Marcus Aurelius son un precepto de vida, de ética, moral, de la serenidad de espíritu, de estoicismo en el más riguroso concepto. El destino lo arrojó a ser Emperador Romano pero, el por derecho propio se erigió como uno de los grandes filósofos del imperio.
Trataré de "postear" en la medida posible todas las semanas fragmentos de LAS MEDITACIONES DE MARCUS AURELIUS para reflexión de todos ustedes y mía también.

DE LO HEREDADO AL FILÓSOFO.

1. De mi abuelo Vero^: el buen carácter y la serenidad.
2. De la reputación y memoria legadas por mi progenitor^:
el carácter discreto y viril.
3. De mi m a d r e e l respeto a los dioses, la generosidad
y la abstención no sólo de obrar mal, sino incluso de incurrir


en semejante pensamiento; más todavía, la frugalidad en el
régimen de vida y el alejamiento del modo de vivir propio
de los ricos.
4. De mi bisabuelo^: el no haber frecuentado las escuelas
públicas y haberme servido de buenos maestros en casa,
y el haber comprendido que, para tales fines, es preciso
gastar con largueza.
5. De mi preceptor: el no haber sido de la facción de los
Verdes ni de los Azules^, ni partidario de los parmularios ni
de los escutarios^; el soportar las fatigas y tener pocas necesidades;
el trabajo con esfuerzo personal y la abstención de
excesivas tareas, y la desfavorable acogida a la calumnia.
6. De Diogneto^: el evitar inútiles ocupaciones; y la
desconfianza en lo que cuentan los que hacen prodigios y
hechiceros acerca de encantamientos y conjuración de espíritus,
y de otras prácticas semejantes; y el no dedicarme a la
cría de codornices ni sentir pasión por esas cosas; el soportar
la conversación franca y familiarizarme con la filosofía;
y el haber escuchado primero a Baquio, luego a Tandasis y


Marciano'^; haber escrito diálogos en la niñez; y haber deseado
el catre cubierto de piel de animal, y todas las demás
prácticas vinculadas a la formación helénica.
7. De Rústico el haber concebido la idea de la necesidad
de enderezar y cuidar mi carácter; el no haberme desviado
a la emulación sofistica, ni escribir tratados teóricos ni
recitar discursillos de exhortación ni hacerme pasar por persona
ascética o filántropo con vistosos alardes; y el haberme
apartado de la retórica, de la poética y del refinamiento
cortesano. Y el no pasear con la toga^' por casa ni hacer
otras cosas semejantes. También el escribir las cartas de
modo sencillo, como aquella que escribió él mismo desde
Sinuesa'^ a mi madre; el estar dispuesto a aceptar con indulgencia
la llamada y la reconciliación con los que nos han
ofendido y molestado, tan pronto como quieran retractarse;
la lectura con precisión, sin contentarme con unas consideraciones
globales, y el no dar mi asentimiento con prontitud
a los charlatanes; el haber tomado contacto con los Recuerdos
de Epicteto, de ¡os que me entregó una copia suya.


firme sin vacilaciones ni recursos fortuitos; no dirigir la mirada
a ninguna otra cosa más que a la razón, ni siquiera por
poco tiempo; el ser siempre inalterable, en los agudos dolores,
en la pérdida de un hijo, en las enfermedades prolongadas;
el haber visto claramente en un modelo vivo que la
misma persona puede ser muy rigurosa y al mismo tiempo
desenfadada; el no mostrar un carácter irascible en las explicaciones;
el haber visto a un hombre que claramente consideraba
como la más ínfima de sus cualidades la experiencia
y la diligencia en transmitir las explicaciones teóricas; el
haber aprendido cómo hay que aceptar los aparentes favores
de los amigos, sin dejarse sobornar por ellos ni rechazarlos
sin tacto.
9. De Sexto la benevolencia, el ejemplo de una casa
gobernada patriarcalmente, el proyecto de vivir conforme a
la naturaleza; la dignidad sin afectación; el atender a los
amigos con solicitud; la tolerancia con los ignorantes y con
los que opinan sin reflexionar; la armonía con todos, de manera
que su trato era más agradable que cualquier adulación,
y le tenían en aquel preciso momento el máximo respeto; la
capacidad de descubrir con método inductivo y ordenado
los principios necesarios para la vida; el no haber dado nunca
la impresión de cólera ni de ninguna otra pasión, antes
bien, el ser el menos afectado por las pasiones y a la vez el
que ama más entrañablemente a los hombres; el elogio, sin
estridencias; el saber polifacécito, sin alardes.


10. De Alejandro'^ el gramático: la aversión a criticar;
el no reprender con injurias a los que han proferido un barbarismo,
solecismo o sonido mal pronunciado, sino proclamar
con destreza el término preciso que debía ser pronunciado,
en forma de respuesta, o de ratificación o de una
consideración en común sobre el tema mismo, no sobre la
expresión gramatical, o por medio de cualquier otra sugerencia
ocasional y apropiada.











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